viernes, 25 de mayo de 2012

Escuchando sentimientos...



"Conectar con el mundo de los sentimientos nos acerca a nuestro mágico mundo interior"


Desnudo el alma de un sentimiento frente al espejo de mi observación.

Es mi conciencia quien se detiene a escucharte lentamente, desde ésa calma con la que te siento.

No es tarde...¿Quieres hablarme?

Soy quien advierte a entenderte...quien interpreta el verdadero sentido de tu mente.
Eres transparente, no me mientes...
Otra vez viniste a buscarme...

¿Me necesitaste, cuando aún creí perderte?…


Sentimiento

Las prisas no son buenas cuando acaricio la cara de tus sentidos.
Necesito el abrazo de tu felicidad, el olvido de tus pesadillas...
Disfruta, y sé libre en tu acción...Adáptate como ansíes a tu expresión.
No tenses el hilo fino que rompe nuestra comunicación. Pudiera romperse y acabar con nuestra firme unión.

Soy cómplice de tus desvelos si te acercas tembloroso a mi. Desconocida, si te alejas de la mano del miedo…Pero... ¿No te detienes frente a mi?…¿Acaso quieres huir?

Presiento que persigues la estela de tus deseos al antojo de los segundos de tu tiempo.


Sentimiento

¡Habla sin pudor, ve directo al corazón!

Si soy yo quien te esperó, soy ahora la que puede escucharte.
Soy paciente...Sé sincero y déjame abrazarte.



Sentimientos de claros momentos...

Ruidos que ensordecen cualquier verdad.
Soy el eco de tus deseos, alma para tus anhelos...



domingo, 6 de mayo de 2012

Los rincones del eco...



Hay rincones vitales que se llenan del vacío cuando la vida los sacude con el látigo de la desdicha, de la impotencia, del sufrimiento…Es entonces cuando el movimiento corporal se vuelve lento; como si  las articulaciones, perezosas, perdieran su natural ritmo cinético…


Se desorienta la función de la cotidianidad, y se incorpora a la vida la desazón…
Ni un ruido es capaz de vivir en nuestra intuición…Se hace incómoda cualquier expresión verbal en ése estado de aislamiento que grita a voces soledad…Un eco sin retorno nos elude al sentirse incomprendido. Es el eco de nuestra voz interior, del pensamiento interno, el sabio mensaje que aporta nuestra mera ignorancia…



 Frente a este “caos -NO comunicativo- temporal”, se desnuda el sentimiento de voces solitarias que buscan la manera de comunicarse, de hacerse notar. En el fondo, quizás de manera inconsciente, entendemos que las palabras son quienes NECESITAN acompañarse de sentimientos que disfrazan el cuerpo de la mudez.


Los rincones del pensamiento son eternos cuando la soledad busca la forma de comunicarse, al tiempo que el habla, holgazana, logra expresarse, sea como sea, aún engañando a nuestros silencios.
  Buscamos el arrullo de sonrisas que consuelen la soledad que anida en la caverna de la nostalgia. Nunca es agradable soportar el peso de la amargura. Tanta carga en el cuerpo duele demasiado y, lastima, arañando, las manos de la ayuda.



Las "luces de la vida", las coloreamos nosotros, quienes creemos en nuestra propia existencia. Pareciera que “buscarlas” no costase demasiado. Lo complicado, normalmente, es “encontrar” aquello que andamos rebuscando por los trasteros de nuestras necesidades...
Se almacena la penumbra de la incertidumbre en cada escondite de nuestras dudas. 
Se sienten huecos insustanciales en donde ni la esperanza, ni la confianza, son suficientes para llenarlos. 
Se presienten sonidos ausentes frente a las paredes de nuestro espacio personal. 


 Frente a tal desazón, tanto miedo, activamos la emoción de un recuerdo agradable para iniciar el sonido de una sola letra, con la intención de llenar huecos en ése espacio del mundo silente…Necesitamos colorear el optimismo que abriga la esperanza.

 Tenemos claro que las "sombras" de la vida se pintan con el pincel de las situaciones cotidianas, con cuanto no quisiéramos reposar en la mente, pero que permanece paciente a la espera de su evocación....El brillo de lo que el pensamiento asimila como agradable, consigue hacernos sonreír, restando importancia a lo que se propone hacernos llorar.

 Desde este espacio de los sentimientos, te invito a que intentes crear emociones nuevas en los viejos espacios que almacenas en tu vida. 
Seguramente conseguirás que esas emociones renueven tus ilusiones, y hagan de tus silencios un singular lenguaje vital.



martes, 17 de abril de 2012

Colores para el bienestar


No almacenes en tu vida la intensidad de la fuerza del rencor, ni el color amargo que te deje el poso del orgullo.

El matiz de la envidia y el tinte de la ira no son buenos consejeros para tu paz interior. Aléjate de ellos y de quienes te lo intenten mostrar.

No gastes tiempo en dañar el color de tu alegría. Mantén su fuerza y lucha por conservarlo el mayor tiempo posible…Déjale expresarse a su ritmo, y capta bien el mensaje de sus necesidades.

No te lastimes con aquello que te produce mal, con lo que no te deja sentirte bien, y saca brillo de felicidad a esos instantes que no son del todo agradables para ti.

Piensa, medita y siente la vida al tiempo que conservas la luz de tu presente como arco iris que iluminará tu futuro…


lunes, 16 de abril de 2012

Inventando sueños...


Es costoso el camino de vuelta que nos lleva a la realidad consciente tras despertar de un sueño apacible.

Durante este intenso recorrido por los rincones de una imaginación aletargada, somos pasajeros de nuestros deseos, y creadores de historias “reales” dentro de nuestro particular mundo onírico.

“Mientras duermo, mi imaginación activa la opción del bienestar para sentirme relajado. Con un descanso optimo aseguro un despertar sereno.”…

Un sueño toma conciencia en nuestra conformidad cuando nuestro recuerdo activa su existencia…

“No quiero despertar. Pretendo soñar para dejar de pensar.”

Los sueños agradables son claras ráfagas de “aire fresco”: poseen la propiedad de apaciguar el “ahogo” que nos provocan las situaciones cotidianas.

“No tengo cadenas cuando sueño. Recorro aquéllos espacios que la vida no me permite soñar.”

Recibo al sueño cuando mis ojos entornan los parpados dejándome llevar por las trazos que marca su destino. Y mientras, me arrullo cerrando las cortinas de mis pupilas en el intento de cegar la luz de mi “otro” mundo real.

“A veces mis sueños se adormecen y no quieren ser recordados…Lo que viví con ellos, con ellos se durmió.”

Mis sueños tienen el color de mis deseos. Dibujo de calma mis sensaciones soñantes.”

Mientras mi mente aguarda al despertar, tras una noche de descanso, siento que mi interior está en calma…Mi piel acaricia lentamente esta sensación; me dejo llevar por ella.

"Hoy mi vida buscó un sueño dormido para hacerlo despertar en mi realidad..."

"Desperté con la luz del día...
La noche quedó mecida entre sábanas de sueños dormidos...
Hoy será un nuevo día en mi nuevo amanecer...
Soñaré despierta, de la misma forma como si estuviera dormido...Y erigiré el momento de un instante para sentirme bien."



jueves, 22 de marzo de 2012

Pausas...



"Mientras pienso detengo el movimiento, no el corazón"...

Duelen de igual manera los silencios y las palabras que quisieron llegar y se perdieron en el camino.

Nadie fue a recibirlas…

Las puertas se cerraron bajo la incomprensión.

Duelen las pausas que no se entienden, las que olvidaron la lógica…

Callamos para respetar silencios, para no dañar sentimientos.

Se amarga el dulzor de una emoción…

A veces los silencios son eternos en el ruido mudo de unas palabras que jamás retomarán voz…

Ayer hablaron…

Hoy, decidieron callar…


miércoles, 7 de marzo de 2012

El azar no es el dueño de cuanto nos pasa...



El azar no es quien coloca una acción sobre una estantería vital para simplemente observarla, para dejarla "quieta", sin movimiento.

La casualidad no es la única visión que nos permite verla de frente, sin podernos acercar a ella como quisiéramos...

Somos nosotros quienes colocamos en esas estanterías vitales las situaciones vividas con las manos de la razón, de la voluntad....

Siempre hay un POR QUÉ y un PARA QUÉ, en nuestra realidad.

No vivimos solo por vivir, sin más....

Y, aunque el polvo de nuestra obstinación no nos permita ver bien cuanto ocurre, no está de más pasar un trapo para limpiar las lentes de nuestro entendimiento. Si no es hoy, será mañana....

El tiempo de la paciencia es quien nos enseñará a comprender esos PORQUÉS.

Tomemos el TIMON de la vida a conciencia, sabiendo bien por dónde ir, hacia dónde querer llegar y qué metas conseguir...

Confiar en nosotros será empuje suficiente para encontrar el objetivo deseado.


viernes, 17 de febrero de 2012

¿Dónde? ¿Para qué?...¡No pienses tanto!



¿Para qué buscar en donde es impensable encontrar?

Perdería todas mis fuerzas…

¿A qué puerta llamar si tras ella no habrá quien me abra?

Perdería oportunidades…

¿Dónde acertar a ver el infinito si ni siquiera diviso el horizonte?

Perdería visión de futuro…

¿Dónde encontrar grandezas si soy tan insignificante?

Perdería sueños…

¿A quién recurrir para alisar las arrugas de mi corazón?

Perdería sentimientos…

¿Para qué sirve pensar que la amistad es eterna?

Perdería esperanzas…



Si esperamos que cada pregunta de la vida obtenga su respuesta, perderemos el tiempo…

Vivir bajo el signo de la decisión, sin titubeos, nos hará ganar tiempo…

No te preguntes en exceso, y más si el ánimo no resulta ser un buen aliado, y confía en tus posibilidades activando el corazón y tu mente…

No hacen falta respuestas para cualquier paso que demos en la vida. Tan solo pensar en darlo es suficiente empujón como para tomar decisiones sensatas, determinantes y claras.

La vida no quiere tantas preguntas...El tiempo no espera respuestas...


lunes, 6 de febrero de 2012

El dulce sabor de la sal de la vida


(Hoy quiero dedicar esta reflexión a los amigos que sufren a diario los coletazos de una FIBROMIALGIA. Pienso que tomar con un HUMOR, y una chispita de OPTIMISMO, lo que no nos queda más remedio que ACEPTAR, como es la enfermedad, es un paso más para ASUMIR nuestra fortaleza frente a ella.)


Un día más…¡Un plato menos! Son frases que ponderan mi día a día, algo a lo que en casa ya estamos acostumbrados…

En un ratito de la tarde he colocado mis manos frente al teclado del ordenador para hilvanar alguna que otra palabra, con la intención de traeros unos cuantos ”sentimientos a la carta” servidos en bandeja bajo la supervisión de un protocolo especial, el que mejor saben expresar las emociones.

Quiero contaros la historia de mi “azucarero”. Pudiera parecer, en principio, una historia simple, pero no lo es….Empezaré por reconocer que soy una sentimental empedernida, y que me aferro a lo que me aporte, a nivel emocional, “objetos” que han compartido de alguna manera mi vida cotidiana….Intentaré que comprendáis que lo que para unos pueda parecer insignificante, para el interesado significa algo valioso si está dentro del campo de las emociones…

En fin…Como dice aquél…¡No pasa res!

Era un “salero” precioso, al que el tiempo no restó brío en sus colores a pesar de sus lavados, un regalo “saleroso” que nos otorgó sabrosos deleites al paladar, un regalo de los que no olvidas, de los que te conmueven…. Nueve años entre nosotros y en cuestión de segundos ¡zas!, lo hago desaparecer como por arte de birlibirloque.

Modifiqué su finalidad, su “fondo de armario” -cambiando el de azúcar por la sal-, porque apetecía aliñar la comida al tiempo que alimentar la vista con esas preciosas flores decorando su frágil cuerpo. El cambio nos vino bien pues en casa somos más “salados” que “dulces”, y recurrimos antes a un salero que a un azucarero (siempre dentro de unos limites, claro está). Hasta aquí todo estupendo…

El “salero” tuvo su cometido en la familia: endulzar nuestras comidas (dentro de lo que cabe jamás perdió sus orígenes)…Pero, como siempre pasa en la vida, hay algo que nos agria una determinada acción, aunque sea un simple hecho cotidiano…Ese día, hace un par de semanas, había filetes para comer. A mis tres chicos les gusta la carne “en su punto”. A mi más pasadita (tampoco que sea una real suela). Y entre vuelta y vuelta, el gesto de añadir una pizquita de sal es imprescindible…Por ello agarré por un asa el salero y…¡cataplás!, de pronto cayó directo a la encimera, quedando de él un asa rota por varias partes, la base fraccionada, y un pobre salero “manco”. Cuando vi cómo había quedado tras la batalla, cerré los ojos, me enfadé conmigo misma, y exclamé una palabra recurrente que me viene de inmediato cuando estoy enfadada….¡Mierda!

(Reconozco que las prisas son muy malas, y más en alguien que se ha convertido con el tiempo en una “salerosa torpona”: séase, yo. Conmigo los elementos de la cocina no están asegurados y se convierten en meros pasajeros que suelen darse de baja a la primera de cambio si caen EN mis manos –o pudiéramos matizar: si caen DE mis manos-.)

Mi necesitad porque cada filete estuviera adecuadamente salado, me hizo trampas y me empujó, siendo las prisas quienes lanzaron “mi dulce azucarero” contra la fría encimera…Cada uno de los pétalos de esas flores que adornaban el “salero” se hicieron añicos…¡Cachis! Era el azucarero que me regaló la abuela Carmencita por mi cuarenta cumpleaños, y le tenía especial cariño.

Pero hay que reconocer las cosas cuando se llaman por su nombre, y no adjudicar falsos adjetivos a la realidad…Hay una frase común que subraya mi mirada de culpabilidad ante este tipo de “accidentes domésticos: “Todo se me cae”.

Real como la vida misma.

Con este ejemplo quiero contaros mi habitual choque contra los objetos caseros…

No voy sola por la vida; tengo una sombra que se pegó en las plantas de mis pies para recorrer un camino juntas. Es una enfermedad, de esas que llaman “raras”, que vive pegadita a mi. A veces se porta bien, es tratable, y en otras ocasiones se vuelve bastante rebelde, haciéndose notar con rabietas difíciles de aminorar. Quiero dejar constancia de que me siento una persona normal y corriente, nada “rara”, al menos eso creo yo. Aunque también es verdad, que por el hecho de ser humanos, de vez en cuando nos salimos del tiesto y hacemos heroicidades, o actividades que resultan para algunos un tanto “raras”.

Mi enfermedad se llama FIBROMIALGIA, y aunque la llaman “rara”, yo no la veo como compañera “rara”; es más, la conozco cada día mejor, nos hemos visto cara a cara, por lo tanto es familiar, y le hago caso, no la ignoro, por el hecho de pertenecer a esta gran familia que tengo la suerte de tener. Todos la hemos visto de cerca, y sabemos cuáles son sus posturas, y la forma en la que se comunica con nosotros a diario. Entenderla es solo cuestión de practica, pero se consigue, aunque no nos gusten algunos de sus modales. A veces se hace cansina, repetitiva y caprichosa.

Quería hablar de mi “azucarero” en forma anecdótica, en PRO de muchos enfermos de “fibro” que les pasa lo mismo que a mi y que no saben cómo expresarlo. Algunos, incluso, les cuesta asumir este pequeño gesto cotidiano, y se funden en un amargor que no debiera resultar ser más problema de lo que en realidad es.

El equilibro en la vida es necesario, y si hay una enfermedad de por medio, sea cual fuere, se hace mayormente indispensable para poder vivir con cierta calidad de vida. Un problema es tal cual, ni más ni menos, no deja de ser un problema, y punto. Si le sumamos angustia, es ya una fortaleza imposible de traspasar, donde, seguramente, el pánico sea su cimentación más firme…

En éste caso, mis palabras serán para quienes lo estimen oportuno aceptar, o se sientan identificados con esta breve pincelada de vida. De nada sirve tener “algo mejor” o “menos bueno”, y no compartirlo, no expresarlo…No por ser “menos bueno” hemos de arrinconarlo y no darle la luz que merece, como sombra que es para muchos. Expresar un sentimiento que agobia y paraliza nos quitará angustias y nos permitirá mayor movimiento en nuestro pensamiento, aunque el cuerpo no acompañe en este correteo cinético.

Reconocer lo que es tangible, como es la realidad de una enfermedad, asumirla, es uno de los pasos que hemos de dar los enfermos, en este caso de Fibromialgia, y de otras muchas enfermedades que nos causan temor, para poder llevarla “lo mejor posible”. Es MUY respetable cómo la lleve cada enfermo, porque sumamos a la enfermedad las lógicas situaciones personales de cada uno.

Hoy, mientras tecleo en mi ordenador, para compartir con vosotros este compás de vida, miro con detenimiento mis manos…Ya no son las que eran, como cuando terapeuta daba masajes a personas que estaban postradas en una cama, quietas frente a una enfermedad crónica, degenerativa, incapacitante, o a personas a las que la edad les había causado algún que otra contratiempo y sus manos se tornaron torpes…Esos recuerdos son los que me traen más de una sonrisa pues durante años tuve el privilegio de acercarme a grandes MAESTROS de vida que hoy me enseñan a “seguir adelante” desde la evocación de sus impactantes vidas…

Mis manos han cambiado…¡Ya nos soy una jovencita!, y me amoldo a sus cambios, y más con las arrugas que le otorgan los coletazos de la enfermedad, como son las dermatitis crónicas, recidivas…

Mis manos se convierten en frágiles “alitas” que recorren la inestabilidad de mi equilibrio, se hacen lentas, perezosas, costándoles bastante sostener “pesos” moderados…Ni qué decir tiene el abrir una botella o una lata con singular torpeza…(en el caso de conseguirlo) Me he “cargado” alegremente platos y más platos (eso sí, han pasado por casa de todos los modelos, ocupando el puesto de los “desaparecidos en combate”. Blancos, de colores, con alguna filigrana, lisos. Los más fáciles de romper son los de postre…¿Porqué los harán tan livianos? ) Y no digamos en el tema de “los vasos” Desaparecen por pares cada semana (altos, bajos, de café, de vino…o copas estupendas almacenadas en el archivo de los recuerdos de mi “pobre y santo marido” ¡No veáis cómo resbalan las copas! ¿Las harán con una capa de aceite?)….

Hay que pegar trocitos de optimismo a lo que se hace añicos en la mente…

Las manos tienen una especial sensibilidad para acariciar cada segundo de vida. Son multifuncionales. Aparte de tocar, rozar y asir, sienten en su piel los cambios de temperatura siendo el frío y el calor aliados o enemigos dependiendo de la sensibilidad con la que se enfrenten a ellos…

Pero creemos que nuestras manos son infalibles, que siempre están ahí para sacarnos de los enredos en donde las metemos, y no nos damos cuenta de lo importantes que son para concluir las actividades de la vida diaria…En mi caso, tengo cremas hidratantes para las manos, esparcidas por todos los rincones de la casa (cuarto de baño, sobre mesita de la habitación, en la mesa del ordenador, cocina, sala de estar). Cuido las manos porque sé que ellas me cuidan a mi con esmero…

Y digo esto porque en mi caso añado el tema de las ya habituales “quemaduras”. Me quemo porque se me cae encima leche caliente, café, manzanilla o lo que toque…Hago la comida, y también me salta el aceite, porque, por ejemplo, echo unas croquetas a la sartén, o patatas, sin la fuerza medida, la adecuada –en ocasiones-…como si una dismetria no me permitiera medir las distancias entre mano y “objetivo” a tratar (cualquier cosa que se acerque a las manos). Son buenas compañeras la hipotonía y la debilidad muscular. Fallan las manos y se quedan completamente laxas, sin que las articulaciones respondan como mereces.…No se puede controlar cuando así surge. El suelo se convierte en reducido basurero de cuanto choca contra él. Barredora, y recogedor a mano, y…¡solucionado!

Seguro que podemos hacer otro “apaño alimenticio” si es que el suelo glotón se zampó nuestra comida. En este caso un poco de tranquilidad, y reducir las prisas a la hora de querer terminar rápido nos ayudará. Sin duda es un truco efectivo. Si vamos más lentos, los reflejos son más precisos y nos advierten en poner atención a la hora de sujetar algún objeto con las manos. Ayudémoslas…Evitaremos quemarnos más de lo habitual, y cambiar constantemente la vajilla. Algo es algo…

Mis hijos han pegado trocitos de la jarra, de una taza, un vaso…Hemos apañado figuritas que delante de mi mano se escaparon burlando a magistrales trucos de magia, ligeras como el viento, y he sonreído porque mis hijos y mi marido han sonreído también…Está claro que no me aplauden –más les vale, jeje-, pero aceptan lo que hay. Confieso que aunque no me guste ese tipo de “heroicidades”, las asumo con resignación después de tirar al contenedor varias vajillas rotas y después de entender que son “despistes” propios de mi inseparable “amiga” …

Antes me preocupaba, me fastidiaba romper cosas sin ton ni son, y más con lo cuidadosa que fui siempre en ese aspecto…Ahora es un problema menos con el que preocuparme…No obstante, disminuyo problema poniendo más lentitud a los movimientos para salvaguardar lo que cae por mis manos.

He ido aprendiendo en estos años a dar prioridad a lo que verdaderamente merece la pena, y no detenerme tanto en lo que me va a generar más de un problema...

Cuando se escucha el soniquete contra el suelo ¡“crasssss”!, en casa se puede escuchar “tranquilos, es mama”, y aquí no ha pasado nada. Alguno viene por si necesito ayuda, por si hay que pasar fregona al suelo, en vez de barredora solamente, y es que ¡no sé qué tienen las “salsas” que se quedan pegadas al suelo amorosamente!…

Tened a mano un buen pegamento en casa, el que lo pega todo, hasta el buen ánimo cuando éste se quiebra a trocitos…Y también una crema (en algún armario de la cocina) que apacigüe el dolor de una quemadura en la mano, o en el antebrazo, las zonas donde más se adhiere el aceite de la sartén, y evitareis también así que la quemadura se haga molesta para vuestro bienestar.

No pretendo frivolizar con el tema, soy perfectamente consciente de lo que significa “romper un plato, vaso o…lo que sea”…Mi intención, desde mi enfoque personal, es haceros ver que muchas veces los agobios aumentan si los hacemos protagonistas con la única ayuda de nuestros miedos y temores…(factores evidentes, indudablemente, pero que no deben compartir mesa ni cama con nosotros a diario)

Tomar cautela, en la medida de lo posible, hará disminuir nuestras dudas y aumentaremos en confianza…Romper algo, porque nos fallan las manos, no es el fin del mundo, es solo un coletazo más de “nuestra amiga la fibro”.

Permitiros ver unos trocitos de cristal desparramados sobre la encimera o suelo, a cambio de una sonrisa compartida con los tuyos…Y en el caso de que “no lo entiendan”, hazles saber que no has venido a este mundo a romper cosas, a dejarlas caer al suelo, sino a compartir comprensión cuando “algo que tú no puedes controlar se escapa de tus manos”…

Sin duda, a quien más duele es a uno mismo.

PD: No es que me guste “romper”, pero “rompo”…No es que sea masoquista y me guste quemarme, pero me quemo…No es que me guste manchar el suelo así como así –y menos porque soy yo la que luego lo tengo que limpiar, y ¡para qué limpiar más de lo debido!-, pero lo ensucio con una habilidad pasmosa. Poner los medios suficientes para que no ocurra me sigue motivando. Intentarlo, lo intento intento…Conseguirlo ¡es otra cosa!…


¿Quién quiere jugar conmigo al tiro de platos? ¡Soy una buena rival! jejejeje


jueves, 2 de febrero de 2012

Te robaré un sueño en un cielo de estrellas...


Duermo en un sublime sopor que mece mi conciencia…

¿Se habrá despertado la luna?…

Duermo sin prisas, anhelando un buen descanso…

Cierro mi ventana al mundo real y abro la puerta a mi otra realidad…

Tengo dos vidas…

Una, abre insistente mis párpados para ver con nitidez mi película vital …

Otra, me acerca a la magia de lo infinito para viajar por donde yo elijo.

Sueños astrales me acercan al espacio celestial…

Los terrenales me posan en el suelo de mi existencia.

Vuelo raso por el cielo de mis recuerdos…

No quiero despertar. Solo quiero soñar…

Acaricio tu cara cuando me buscas en el calido abrazo de mi almohada…

El reflejo de un lamento mece sin prisas el gris amanecer de la despedida…

Quisiera ser ala para volar sobre tu piel mojada de gotas de vida.

Y presentir que el sueño de mi calma acurruca la eternidad de tu alma…

Horas dormidas, inmóviles para ti…

Nanas despiertas que cantan solo para mi…

Robo una estrella en el desafiante cosmos que muestra tu amor…

¡Cógela y préndela en tu corazón! No la pierdas…Te seguirá…

Es el paso que deja la fragancia de tu ternura…

No quisiera jamás olvidarte sabiendo que exististe…

Poder amarrarme a ti hasta tenerte en mi pensamiento…

Caminos que se miran en la encrucijada de la vida…

Roces de sonidos me alertan de tu presencia…

Burbujas chispeantes esparcen sonrisas en tu hermosa cara…

Hoy te tengo…

Mañana pudiera ser que no…

No lo sé…No lo pienso…Lo evito…

Solo quiero estar contigo. Unida, con la cuerda del consuelo, a la eternidad…

No sueño con el sabor amargo de una doliente soledad…

El sueño efímero sin tu amor te buscará en el calor de una noche silente.

Con sed de pasión beberé del manantial que me otorga este instante…

Y besaré lentamente los ojos que derriten de miel mis labios.

Dulce noche…No me arranques los sueños que aún quedaron por cumplir…

Quédate conmigo para no sentirme solo en el hastío…

Dulce noche blanca…Eterno amanecer…

Escucha las palabras susurrantes que hablan a tu voz.

Acércate a mi...Seré tu refugio cautivo....


lunes, 30 de enero de 2012

La base de la pirámide vital...



Desde la base de los hechos sencillos llegamos a la cúspide de nuestra felicidad, de nuestros éxitos y capacidad de logros.

Mirar hacia arriba, hacia un campo de visión difícil de advertir, sin divisar con nitidez el suelo que pisan nuestros pies, nos generará demasiado vértigo para continuar con aquello en lo que creemos. Sujetarnos, de algún modo, a la estabilidad que crea nuestra confianza, nos enseñará a comenzar la pirámide de la vida por una base vital equilibrada, con la seguridad de quien sabe bien lo que desea alcanzar...

"Nado indefenso entre aguas que mecen mis miedos... Inquietas sombras misteriosas acunan la oscuridad de mis sueños... No sé qué rumbo tomar. No sé siquiera por dónde marchar... Solo es mi identidad quien me permite pensar... Son las ramas de tu amor, que acarician el viento de mis anhelos, quienes me acercan a la morada de tu alma... Espero paciente tu llegada Sé que contigo me siento acompañada... Si estás tú, vivo yo... Si gozas tú, feliz se siente mi amor..."


Para muchos, el amor es la base de la cúspide que llevará al bienestar; compañero indispensable para alcanzar la cima de unos objetivos concretos. Hay quien prefiere hace solo el camino...O quien sin desearlo lo ha de hacer con su propia confianza...

Sea cual fuere la elección de vida que hayas decidido mejor para tí, no dejes de seguir hacia delante, y consigue mirar desde la cúspide de tu piramide hacia abajo, y, cuando adviertas el suelo que te ha ayudado a conseguir el propósito de tus planes, siéntete conforme y bien, inmerso en intensas emociones que velarán tus días...

Pocas veces sabemos en qué dirección estamos, si miramos hacia "arriba", o estamos quietos "abajo"...Estamos vivos, base principal para seguir caminando.

A veces el vértice de nuestra pirámide está mucho más cerca de la base de lo que creemos, y no requiere tanto esfuerzo visualizar ambos lados...

El equilibrio es el foco con el que ver cada situación vivida.


miércoles, 25 de enero de 2012

Hacer de más...no de menos...


Una de las cosas por las que vine a esta vida fue para poner algo de mi parte a cambio de vivir.

Creo que inicialmente lo hice en agradecimiento a haberme permitido “ser”.

Más tarde fue por gratitud a seres humanos que conocí, a quienes se acercaban a mi para darme la mano, y a los que yo también necesitaba a mi lado. Si tenía "algo" no era del todo mio si no lo sabía compartir...

La vida me cobijó con el manto de la existencia, y agradeció mi estancia junto a ella, -por haberla elegido para iniciar un camino-, igual que hace con cada mortal que pisa el suelo de las experiencias.…

No solo se trataba de nacer, y vivir, sin más, sino vivir poniendo lo que buenamente “podía hacer”, y no vivir de más, sin hacer “nada”, o menos de lo que se puede llegar a hacer hasta el final... Todos lo hacemos. No soy ni más, ni menos, que nadie…

A día de hoy lo intento; me empeño en hacer "algo más", pero no de menos...En ello ando y seguiré poniendo tesón hasta que ya no tenga nada que hacer, hasta que ya no pueda pisar el suelo de los sueños...

Por tanto, mientras que tenga palabras y sentimientos que compartir, seguiré poniendo todo lo que buenamente sé, o siento.

La vida no regala vida simplemente por "estar", sino por querer “estar” en ella.

domingo, 22 de enero de 2012

Las arrugas de la mirada...


"En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz."

(VICTOR HUGO)


Hoy mi pensamiento quiere hablar en voz alta, y lo hace para compartir con vosotros, amigos, una reflexión que surgió tras leer un magnífico pensamiento del gran Victor Hugo. Gracias a mi amiga Maria Luisa, que fue quien me lo facilitó, ha surgido esta nueva "entrada" en el blog.

Tras leer la reflexión, cerré los ojos y pensé en la luz de “mi viejo pensamiento”…Momento exclusivo para una inocente confesión personal.

Ya en la “oscuridad” de ése instante pensativo, encendí la llama de la “primavera del pasado”, e iluminé mi meditabundo presente concienciándome, aún más, del reflejo que me otorga la realidad. Como por arte de magia, un fogonazo de sensaciones llenó de emoción mis ojos…

Sentí, y me dejé llevar por ello…Son esos momentos que hay que coger despacio, con la calma de la conciencia…

Y me gustó experimentar cada una de las percepciones que pasearon alrededor mio. Y no pude dejarlo pasar sin más, sin comentároslo aquí, como sentimiento compartido, cómplice, seguro, para muchos de vosotros también.

Si algo me gusta es reconocer las verdades, aunque sean "verdades", aunque a veces "duelan", aunque sea un poquito...

Ya no soy una chica joven, soy una mujer adulta que se mira al espejo en el espejo de la edad y reconoce sosegadamente el paso de los años...

Advierto las arrugas que se asoman por el horizonte de mis ojos, de ésos ojos que con cada gesto han dado brillo a la vida...

Ahora desenfoco con facilidad…Me cuesta ver lo que antes veía bien. Unas lentes son quienes me ayudan a observar cómo pasa la película de la vida...

Mis ojos se achican año tras año, se hacen pequeñitos; ya no son todo lo grandes que eran antes, cuando se alzaban como dueños de mi juventud...

Los párpados, algo cansados, caen sobre la sensación de querer adormecer los ojos, y unas ojeras traicioneras advierten del cansancio por el que pasa el tiempo.

Es ley de vida, lo sé, y no por ello dejaré de enfrentarme al espejo para ver cómo pasa la vida a través mi mirada...

Benditas arrugas, benditas ojeras, y...¡bendito Victor Hugo!

jueves, 19 de enero de 2012

¿Qué tengo?


¿Qué tengo?

Un suspiro en la palma de mi mano…

La seguridad de existir ahora…

El olor de la fragancia del amor…

El viento que empuja la incertidumbre…

Tengo...

Tu risa, tu llanto, tu ternura…


Dime…¿Qué tengo?

Un alma que quiere volar por mundos imaginarios…

Un corazón que siente la vida pasar…

El tiempo de un segundo vivido…


¡Tengo!…, ¿qué tengo?

¿Todo?…

Nada…

Todo es pasajero…

Nada es eterno…


Quiero tenerte, porque tengo la necesidad de quererte…

¡Eso tengo!

Tengo una vida para que tú la tengas también a mi lado…

¡Tengo…porque tú me tienes!…

Tengo un baúl lleno de recuerdos…

En él tengo...

Ropa perfumada con gotas de agua de lluvia…

Vestidos que engalanaron instantes irrepetibles…

Zapatos que sostuvieron el vaivén de una vida en equilibrio…


Tengo…No sé si siquiera tengo…

Una palabra, un gesto, un amigo…

Tengo la magia de un cielo que mira al infinito…

No tengo la seguridad de la vida, pero tengo en mi haber la vida en sí.


No quiero saber qué tengo para seguir buscando qué tener…


(Agarra bien lo que tienes y no te dejes llevar por lo que no tienes...)


martes, 10 de enero de 2012

El cálido amor de un hijo...


EL CÁLIDO AMOR DE UN HIJO Y OTRAS CONSIDERACIONES…


El amor de un hijo se convierte en salvavidas cuando navegamos por el mar de la rutina, mientras surcamos el océano de los problemas, cobrando mayor intensidad al azotar las dificultades nuestra fortaleza anímica, al sentirnos débiles frente a la rutina, la desilusión, y otros tantos elementos que desgastan sin remedio la energía vital.

Necesitamos del cálido amor de un hijo para sentir equilibrada calma, como barco que mantiene el ánimo a flote salvándonos de ahogamientos innecesarios, como balsa de cariño que protege y estabiliza cualquier alteración en nuestras frágiles emociones.

A un hijo le enseñamos a querer desde el espejo de nuestro patrón de amor al ser vida de nuestra vida, semilla que dio el fruto de una primera ilusión. Fundimos con ellos el cariño para que sea eterno y que no se enfríe en las gélidas manos del olvido. Somos conscientes que con ésa dádiva ellos guardarán en su corazón ése amor protector que acompañará sus pasos por el costoso sendero de la vida.

En el inicio de su vida, mientras mantienen salud, todo gira alrededor del amor. Nos colman de vida sus sonrisas, sus primeras palabras, sus logros de “independencia”, cuando comienzan a explorar lo que les rodea con sus propios ojos…

Y cuando comienzan a crecer, aproximándose al mundo de los “mayores” –creyéndose “casi adultos”-, eligen, sin considerada consciencia, más bien a su libre albedrío, un caminar repleto de atajos por los que creen avanzar más rápido que nadie. Es en este instante cuando los padres pareciéramos no tener un espacio asignado para convivir con ellos, siendo éste, en realidad, ocupado por “sus preocupaciones”, bien llamadas quebraderos de cabeza a los que tanto tiempo dedican y, que de forma natural van ligados a su parca madurez, a su crecimiento diario, al “ir y venir” de sus amistades, y a quien sin lugar a dudas ocupa la casi totalidad de su pensamiento: el amor.

Aunque creamos que se olvidan de la existencia de una “sombra” compañera, es decir, la silueta de los padres, son conscientes que tienen nuestro cariño a sus pies, aunque parecieran no percibir ésa sombra con los ojos de la necesidad, convirtiéndonos en seres invisibles que emergen “de la nada” cuando menos lo esperan, o para aliviar ciertas situaciones suyas en donde la sinrazón es su mayor enemigo…

Durante esta etapa nos transformamos en personas con las que se topan “de vez en cuando” (la mayoría de las veces, cuando su tiempo se lo permite, o su agenda se adapta a horarios comunes), quienes ofrecen posada y fonda sin esperar nada a cambio, solo con el deseo de saber que “están bien, que su vida no les complica su felicidad, que no acumulan demasiados problemas en su mochila vital y, en caso de tenerlos, que éstos sean todo lo benevolentes que puedan con ellos…

Hemos de asumir que su escaso tiempo está dedicado a otros “menesteres”, y no tanto a la familia.

Pareciéramos no aprender que el paso del tiempo es quien colocará la comunicación entre padres e hijos a buen recaudo, cuando hayan crecido lo suficiente como para darse cuenta de que esa sombra compañera “está”, y que dialoga con la vida, en cualquier manifestación que ésta le proponga. “Está” para calmar impulsos, para amansar inquietudes, para solventar problemas y considerarlos menos abruptos de lo que en realidad son (cierto es que una nimia dificultad, ellos la pueden considerar “vital”, de gran peso para sus maniobras de solución).

Nunca perdemos la esperanza de que surjan situaciones en las que fluidas “confidencias y diálogos” con los hijos permitan apaciguar sus preocupaciones, pero, también hemos de ser conscientes de que es precisamente en ese espacio donde los padres no tenemos “cabida”, por mucho que nos duela o nos moleste.

Una cosa es la realidad, y otra la quimera con la que sueñan nuestras esperanzas, aquellas que nos comunican que ha de pasar un tiempo en el que la comunicación paterno-filial se “estabilice” para saber qué pasos dan nuestros hijos en determinados momentos de su crecimiento natural…

Pero nos frustra la lejanía con las que su escondidiza ternura se tiñe de incómoda frialdad y solemne apatía frente a lo que se vive en el hogar.

Aunque ellos no se percaten de lo necesarios que son para nosotros, hemos de lograr ser confidentes sigilosos que orientan y aconsejan, que escuchan y guardan sus miedos. Padres que “están”, pero que no “molestan” demasiado, y es que ésa es su visión en la edad adolescente y en su incipiente juventud.

Sabemos, por experiencia propia (porque nosotros también pasamos por ésos “atajos” que nos acercaban a apasionantes aventuras), que es un proceso natural de “distanciamiento a corto-medio plazo”, que la “tontería” -como bien es llamada por algunos padres-, se evapora de la misma forma en la que llegó, y que vuelven a un adecuado comportamiento cuando van advirtiendo que ésos caminillos de la vida se han ido cerrando para ellos, y es que ya no les llevan a ninguna parte. Pero son ellos mismos quienes han de sentirlo en sus propias carnes, y no hacérselo ver bajo el prisma con el que lo percibimos los padres.

Los problemas de un hijo pueden herirnos la piel de la pena, creándonos una cicatriz que nos indicará siempre un determinado sufrimiento. A veces esa cicatriz se abre y sangra, con el consiguiente estado de abatimiento. En otras, cura pausadamente.

Un hijo lo es todo en la vida: ocupa el primer eslabón en nuestras prioridades vitales. Es el salvavidas de las penas, el consuelo de los problemas, la alegría de nuestras horas, el alimento diario que el alma necesita para sobrevivir. Si está bien, nosotros también lo estamos.

Un hijo es nuestra vida. Vivimos por, y para ellos.

Teniéndoles a ellos, sobra todo lo demás, o quizá, lo demás no es tan indispensable. Un hijo si que lo es para que el amor se siga alimentando.

Existen mujeres a quienes la naturaleza les ha premiado con el don de la concepción. Ello supondrá, para quien lo vive desde el lado de la maternidad, una alegría sentida, en el caso de que ese hijo que ha de nacer sea deseado. O, por su contra, pueda significar un triste problema si este hijo no es esperado, deseado, suponiendo una amarga arribada que oscurecerá la triste sombra de la dicha.

Somos testigos de casos en los que desgraciadamente la cuna materna no está preparada para mecer el fruto de la vida, y a cambio, como acto generoso de la fuerza divina, a tan frustrada mujer se le concede la oportunidad de sentir la anhelada maternidad con la vida de un ser que busca el abrigo de unos brazos en los que mecer sus sueños, un ser que decidió nacer fuera del vientre de quien su destino adoptó como madre. La naturaleza no fue quien los eligió para acompañarse mutuamente durante los nueve hermosos meses del embarazo, sino que fue la necesidad de compartir el amor de unos “padres adoptivos” quien lo decidió así, para que pudieran vivir una felicidad colmada de cariño y besos, posados con el dulce amor que solo unos padres son capaces de sentir, no solo durante los meses equivalentes a una gestación, sino los años de toda una vida común.

Así, intuimos que los guiños de la Madre Naturaleza confluyen para “dar”, finalmente, aquello que fue anulado inicialmente: el don de la maternidad biológica.

Si la vida decide dificultar un camino que pudiera ser meritorio de felicidad, frente al nacimiento de un pequeño al que le acompaña una discapacidad -motora o psíquica-, es precisamente ésta, la vida, quien hablará con un lenguaje teñido con tonos de pena, de miedos disfrazados de valentía y aparente fuerza, al no haber podido mecer a ese niño en una cuna de sana vitalidad. Naciendo con un problema que se escapa de nuestra voluntad, suplicamos a Dios que le permita vivir dentro de una “normalidad”, en donde la sombra de la felicidad pueda suplir inevitables carencias. “Mi niño no es normal, no es como los demás”, expresarán esos padres frente a la impotencia que aprisiona su angustia. Pero alguien, a quien posiblemente ni ellos mismos oigan, les susurrará al oído: “Puede que ahora no le veáis así, pero el tiempo hará que sea una “personita “normal” para vosotros, siendo los demás diferentes a él”.

La Madre Naturaleza desajusta las manecillas del reloj desafiándonos, sin permitirnos tiempo para valorar situaciones inesperadas, y generando un miedo que nos paraliza y limita. El juego de la vida parece querer ganar victoriosamente ya que pudiendo ser un nacimiento feliz, viene acompañado de desesperanza, y, presintiendo una completa desolación, culmina con el inmenso amor de unos padres que suplantarán la dificultad por una suave y esperanzadora dicha.

Es la Madre Naturaleza la que nos facilita ser “madres”, o quien por el contrario, nos lo censura, burlándose del amor para negar el nacimiento de un hijo, y retirándonos con vileza lo que pudiera resultar un completo gozo. Esa irónica maniobra pone de manifiesto la existencia de mujeres que siendo meritorias de engendrar fácilmente, no lo desean, y quienes siendo estériles anhelan una esperanzadora fertilidad. Son caminos cruzados que no se juntan en ningún punto, por lo que la Naturaleza, una vez más, tomará el timón para elegir la ruta que hemos de tomar, navegando por donde dirija el destino de su rumbo.


En un acto de reflexión, es obvio reconocer que no por el hecho de parir un hijo se es madre. Madre es quien concibe amor desde su corazón, no solo desde sus entrañas. La capacidad de amar de una persona es tan grande que no debe estar limitada por un cuerpo. Hay demasiadas vidas inocentes que esperan ser mecidas con un tierno cariño, no con el desamor de quien las trajo al mundo sin quererlas acunar.

Pero no podemos olvidar la valentía de la mujer que decide “salvar” la vida de su hijo, a pesar de no ser ella quien le proteja con sus brazos, sino los de una “madre adoptiva” que le pueda trasladar el calor que los suyos no saben, no quieren o no pueden, porque las burlas del destino no provocan risas, sino llanto en quienes se ven abocados a seguir las directrices de una cruel realidad.

Seamos realistas, una cosa es lo que el corazón y la voluntad desean, y otra, lo que el destino dispone para cada uno de nosotros.

Un hijo lo es todo para quienes tienen la dicha de ser padres, pero si ese hijo no llega en ningún momento, tendremos la opción de compartir el amor que alberga nuestro interior con aquellas personas que lo deseen, porque quien avanza solo puede llegar a perder. Quien lo hace acompañado, siempre gana.


(Artículo publicado en Revista Tokoginecología Práctica)


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